jueves, 13 de marzo de 2014

Recordando a Reggie Lewis, un corazón indomable (por Guillermo García Arroyo en Marca)

Aún recuerdo mi primer contacto directo con aquella camiseta verde que tanta mística e historia encerraba entre su tela de rejilla. Fue en 1988, mes de octubre. Una tribu (o al menos eso creía yo que eran) con uniforme de guerra verde y botas por encima de los tobillos aparecía por las tablas del vetusto Palacio de los Deportes de Madrid para enfrentarse a rostros más familiares como los de Petrovic y Martin.

Aquel infante estaba dando sus primeros pasos en el mundo del baloncesto y, enamorado por aquella pelota naranja, quise saber más de sus figuras y sus leyendas. Empecé a escuchar nombres como el de Sabonis, Petrovic o Corbalán y a interesarme por aquellos jugadores sobrehumanos que se batían en cruentas batallas al otro lado del charco.


Era la época de los Magic, Erving, Kareem, un joven llamado Jordan y, por supuesto de Larry Bird y sus gloriosos Celtics. Por eso, cuando mi padre me ofreció la posibilidad de ver a esos gigantes en directo, la respuesta fue sencilla. Y fue entrar en el viejo recinto madrileño y darme cuenta de que aquel partido nada tendría que ver con los del Madrid y los del Estu que ya había tenido ocasión de presenciar. Aquello era otra cosa.


Embelesado no sé si por la mistica de aquel uniforme no podía quitar los ojos de aquel hombre rubio que apenas podía saltar pero que metía el balón por el aro una y otra vez durante la rueda de calentamiento. Sin embargo, en un momento de despiste, mis ojos me jugaron una mala pasada y me hicieron fijarme en otro de esos colosos llegados allende los mares.


Se trataba de un joven que agarró el balón con una mano dio dos botes con la derecha y se lo cambió a la izquierda para iniciar la carrera de entrada a canasta. A unos tres metros del aro inició el salto y desplegó las piernas con la elasticidad propia de un Grand jeté de Nureyev para dejar la pelota suavemente en el aro. Era Reggie Lewis.


Aquel partido ante el Madrid fue el de Bird. Nadie más que él podía acaparar la atención de los focos. Pero yo no podía quitar la vista de aquel esteta que con su entrada me embelesó. Lewis pasó sin pena ni gloria por Madrid. Apenas pudo pisar las tablas y su aportación quedó en sólo cinco puntos. Pero eso sí, había ganado un fan para toda la vida.


Un aficionado que recuerda a la perfección su primer contacto (visual, eso sí) con su ídolo y, por desgracia, también guarda en la memoria aquel fatídico 27 de julio de 1993, apenas cinco años después, en el que el alero de Baltimore perdía la vida en el parquet de la Universidad de Brandeis, donde se encontraba entrenando.


Lewis fallecía a los 27 años de edad y sólo un año después de heredar la franquicia más laureada de la historia en la NBA. Un fatídico destino que le aguardaba cuando las crónicas le esperaban para otro tipo de gestas. Fue el final más abrupto para una incipiente carrera a la que todavía tenían reservados muchos momentos de gloria.


Y es que el alero había nacido por y para el baloncesto. Con él consiguió alejarse de ese Baltimore de crímenes y drogadicción que muchos años después descubriríamos en 'The Wire', aferrado a su hermano mayor Irving. Con gesto serio y la timidez por bandera, Reggie jugaba con su hermano y pronto le pasó tanto en estatura como en calidad, aunque eso no le valiera para ganarse un puesto en el Patterson High School, donde jugaba su admirado Irving. Reggie fue cortado y no pudo cumplir su sueño. O quizás estaba dando paso a otro.


Tras ser rechazado en Patterson, Lewis lo intentó con los 'poetas' de Durban. Allí se encontraban Tyrone 'Mugsy' Bogues, Reggie Williams y David Wingate. Reggie se ganó un hueco en un equipo que haría historia tiempo más tarde. El entrenador no lo dudó ni un solo segundo. Aquel chico que apenas hablaba con nadie en la cancha tenía algo. Un primer paso demoledor, el tamaño perfecto, la velocidad adecuada y un tiro infalible que le reservaban un sitio entre los grandes.


Junto a los 'Poetas', Lewis convirtió a aquel equipo de Baltimore en el mejor conjunto del país tras firmar en su último año de instituto la temporada perfecta y finalizar como campeones nacionales y un balance de 31-0. Una temporada irrepetible que, sin embargo, no le valió para firmar por una de las grandes universidades del país.


Fue la Northeastern University de Massachussetts la que se llevó el gato al agua y se hizo con los servicios de un Lewis que desde el principio se hizo notar. Un novato que se hizo un hueco entre los mayores a base de anotar, pero también gracias a una dureza defensiva desconocida hasta entonces.


"Era un auténtico competidor. Recuerdo una noche que escuché algo en el pabellón y me acerqué a ver qué era. Allí estaba Reggie, junto a Andre LaFleur, jugando un uno contra uno en toda la cancha, algo que no había visto en mis 40 años de entrenador. Si no les llego a frenar hubieran seguido toda la noche", recuerda ahora su entrenador universitario, Jim Calhoun. Una prueba más de la pasión de Lewis por el baloncesto.


Ese amor le llevó a convertirse en el amo y señor de los 'Huskies' durante las cuatro temporadas en las que estuvo allí y en las que promedió más de 22 puntos y casi ocho rebotes por partido. Unas medias que llamaron la atención de los Celtics desde el primer momento y cuando llegó su turno para escoger en la noche del draft de 1987, sorprendidos de que nadie hubiera aprovechado esa ganga, no lo dudaron y pronunciaron su nombre.


Lewis aterrizaba en la franquicia más exigente de la NBA y con tres jugadores como Bird, McHale y Parish que no iban a dejar que aquel novato se les subiera a las barbas a las primeras de cambio. La NBA, por aquel entonces, tenía sus ritmos y los novatos, por muy buenos que fueran, no eran más que suplentes de los más veteranos y consagrados.


Ese estatus apenas duró una temporada. Lewis fue entrando en la rotación de los Celtics en su segundo año y fue haciéndose, poco a poco, con el mando de las operaciones del equipo mientras Bird y compañía cedían el testigo de manera gradual. Así hasta llegar a la temporada 91-92, cuando por fin, Reggie se quedó como rey único.


Bird, acuciado por sus continuos problemas de espalda daba el relevo y Lewis pasaba a ser la superestrella, el jugador franquicia de Boston. El alero asumió los galones con la misma naturalidad que exhibía en la cancha y subió sus prestaciones hasta alcanzar la condición de 'all star' por primera vez en su carrera y llevaba a los Celtics hasta las semifinales del Este con una espectacular media de 20.8 puntos por partido. Ya nadie dudaba de su condición. Y menos después de ser el único jugador que ha conseguido taponar a Michael Jordan cuatro veces en un mismo partido.

La temporada siguiente arrancó con la retirada definitiva de Bird tras ganar el oro olímpico en Barcelona. Lewis se quedaba solo al frente de la nave y respondió como de él se esperaba. Volvió a liderar a la franquicia en anotación y aunque no repitió presencia en el All Star sí fue capaz de llevar a los Celtics a los 'playoffs' y con factor cancha a favor al terminar cuartos del Este la temporada regular.

Sin embargo, toda la alegría que suponía ver que los Celtics estaban en buenas manos con Lewis al frente se desvanecieron en primera ronda de los 'playoffs'. En el primer partido de la serie ante Charlotte, a punto de terminar el primer cuarto, Lewis se desplomaba sin explicación aparente y su cuerpo quedaba tendido en las tablas del mítico Boston Garden.


El corazón del Garden se detuvo. Sin embargo, el jugador volvió a la cancha apenas unos minutos después. Se despojó del chandal y entró dos minutos más en la pista. Fueron sus últimos momentos como jugador de baloncesto.


Tras serle diagnosticada una anomalía cardiaca, Lewis se despidió de la temporada. Pero no del baloncesto. Se sometió a pruebas y a todo tipo de análisis y mientras esperaba los resultados, él seguía poniéndose en forma para el siguiente curso. Sin embargo, la nueva temporada nunca llegaría.


El 27 de julio, mientras practicaba tiro en la Universidad Brandeis, en Massachusett, Lewis volvió a caer. Y nunca más se levantaría. Ni siquiera los esfuerzos de los dos oficiales que abrieron el pabellón y se encontraron el cuerpo inerte de Lewis fuero suficiente para reanimarlo. El jugador, santo y seña de los Celtics post-Bird, fallecía a causa de una miocardiopatía hipertrófica.


Era el final antes de tiempo de un jugador llamado al estrellato y que se quedo a sólo un paso de conseguirlo en uno de sus saltos estéticamente perfectos. El desenlace inesperado de un corazón indomable que una vez conquistó a un niño con su juego y su legado.

martes, 11 de marzo de 2014

11-M. seguimos sin saber la verdad

Una Nación a oscuras...
(artículo de Federico Jimenez Losantos)
Han ganado los terroristas. Han ganado los asesinos. Han ganado las cloacas del Estado, sin limpiar desde tiempos de Carrero. Han ganado los policías que destruyeron las pruebas. Han ganado los jueces que no han querido indagar nada, y si se han encontrado algo, han averiguado la forma de no verlo. Han ganado los fiscales que, a cambio de ascender horrores, han arrastrado por el fango el honor del Ministerio Público. Ha ganado el periodismo carcajoso y progreliendre, ese cerdito con nostalgia de jabalí. Ha ganado la casta política que consensuó la ley del silencio. Ha ganado la impunidad de los asesinos. Y ha ganado la conformidad de los asesinables. Diez años después, los pocos que hemos empeñado nuestro esfuerzo cívico y periodístico en averiguar qué pasó realmente el 11-M debemos rendirnos a la evidencia. No sabemos lo que pasó entonces, pero sabemos lo que desde entonces ha pasado: que a la inmensa mayoría de los españoles les da igual. Y el fruto de ese desinterés por el asesinato de doscientas personas para cambiar el Gobierno de España es ese silencio atronador, ese helado olvido, voluntario en los mayores, aprendido en los jóvenes, que la canalla política se ha permitido celebrar con flores. Es la corona fúnebre de la Justicia.
Muchos creen -y los datos históricos no los desmienten- que la crisis terminal que vive España arranca el 11-M y sigue desde entonces una línea perfectamente clara, nítidamente marcada y aparentemente inexorable. Yo creo que muchos –quizás no demasiados, pero sí muy poderosos- quisieron cambiar radicalmente el rumbo de nuestra nación hace diez años. Pero hoy no veríamos los escombros del régimen como único horizonte político si en este tiempo la ciudadanía y la clase dirigente no hubieran abdicado de sus más sagrados deberes, de sus indeclinables e intransferibles obligaciones. Si algún policía, algún juez, algún fiscal, algún ministro de Justicia, algún ministro del Interior, algún Presidente del Gobierno, algún Jefe del Estado hubieran cumplido la tarea para la que han sido elegidos, nunca se habría producido este fallo multiorgánico que convierte la democracia en España, inseparable del Estado de Derecho, en el gran cadáver insepulto del 11-M.
Basta ver las declaraciones del juez y del fiscal que alumbraron la sentencia más infame de la historia de España para ver hasta qué extremo el rostro de la Ley es la cara dura de unos señores que no vacilan en vacilar, que no dudan en dudar de sus propias decisiones, que afirman una cosa y la contraria, que sostienen públicamente, en este aniversario que debería ser de luto una catarata de frivolidades absolutamente inauditas. El juez estrella y el fiscal lucero que alumbraron la sentencia apoyan su grotesca criatura en la negación de lo que debe ser una sentencia firme, basada en pruebas y más allá de toda duda razonable. Dicen que "quizás", que "seguramente", que "puedo equivocarme", que "no dormiría si no estuviera seguro", pero ni saben quién fue el autor intelectual, ni saben seguro quiénes fueron los autores materiales, les da igual cuál fuera el arma del crimen, no se han molestado en comprobar la verosimilitud de las declaraciones de un testigo para mandar treinta mil años a la cárcel al único condenado como autor de la masacre. Y, por supuesto, no han querido investigar, como prometió el juez durante el juicio, la destrucción sistemática de pruebas de la masacre y la invención de otras tan zarrapastrosamente urdidas, tan burdamente tramadas que han forzado la anulación ¡de ciento noventa y cinco de ellas! ¿Y no hay un juez, no hay un fiscal, no hay un partido, no hay un Gobierno, no hay un Estado que se niegue a admitir que haya casi doscientas pruebas falsas y desaparezcan toneladas de pruebas de la mayor masacre de la historia de España?
Pues no. Ni lo ha habido ni creo que llegue a haberlo. El PP y el PSOE están de acuerdo en "obviar el 11-M", tesis de Gallardón defendida en portada por el ABC de Zarzalejos, que para el pancismo corraliego se ha convertido en la forma más cómoda de actualizar el cruel refrán: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". Por eso, por obviar, el Rey tuvo la campechanísima ocurrencia de decirles a las víctimas que buscan la verdad del 11M: "¡Pues lo lleváis crudo, a mí aún no me han contado todo lo del 23-F!", sugiriendo, ante las críticas al juez, que alguien lo habría comprado. Si el Jefe del Estado afronta así ante las víctimas la investigación de la mayor masacre de nuestra historia, ¿cómo extrañarnos de que todos los resortes del Estado para hacer justicia a los muertos se hayan enmohecido o los hayan almohadillado hasta convertirlos en mucho menos que nada, en desganados cómplices de los asesinos y sucia garantía de su impunidad?
Por eso, por todo eso, este aniversario del 11-M es el del triunfo de las tinieblas. Por eso, España es, diez años después, una nación a oscuras.

lunes, 10 de marzo de 2014

Sr. "A": C.B. Oliva ... 80 - 54 ... Xabia

Victoria cómoda del Senior "A" en un partido "trampa" contra el Xabia, equipo que esta abajo en la clasificación pero que en su campo nos gano... vistos los precedentes yo tenía mis dudas, pensaba que ganaríamos pero sufriendo mucho y en los últimos minutos tirando de gesta... nada más lejos de la realidad, el equipo salió a todo gas, muy enchufado y consiguiendo una renta definitiva en el 1º periodo gracias a un parcial de 31-9... algo que no se veía en el Senior "A" desde ... no se desde cuando, no lo recuerdo... y no fue fruto del acierto de un par de jugadores, todos salieron enchufados, al minuto 6-7 ya habían entrado en pista 10 jugadores... a partir de ahí el equipo aumento algo la diferencia, pero con el paso de los minutos llego la relajación y la distancia en el marcador no creció todo lo que debiera incluso fue reducida (llegamos a ir ganando de más de 35 puntos) al final "solo" ganamos de 26 puntos 80-54.
Y yo me pregunto ¿por que se perdió en Xabia contra un equipo que va penultimo en la liga y que solo ha ganado 3 partidos en lo que llevamos de temporada cuando en este partido demostramos ser tan superiores? Ante lo aburrido del partido en la grada se formo un debate al respecto de esta cuestión... La respuesta de muchos sería que el entrenador se encargaría de perder ese partido con sus decisiones (si, quizás debería haber entrado él a coger rebotes, defender fuerte y meter las canastas)... opinión que no me merece más que carcajadas y risas al ver cuanto saben algunos de este deporte... Los entrenadores perdemos (yo el primero) muchos partidos con nuestras decisiones, pero este tipo de partidos los ganan y los pierden los jugadores con su actitud o falta de ella... si los jugadores hubieran jugado en Xabia con la mitad de intensidad y actitud que hicieron en Oliva durante la primera parte hoy tendríamos una derrota menos y estaríamos en 2ª posición (real, de momento el Gandia tiene una derrota menos y dependen de ellos mismos) pero bueno todo es opinable, en España todo el mundo sabe de fútbol y cada día más gente sabe de baloncesto aunque quizás no hayan jugado nunca un partido o no hayan pertenecido a un equipo y hayan vivido el día a día de los entrenes y la competición... pero bueno, es la máxima con la que debemos vivir los entrenadores... cuando se gana es gracias a los jugadores que son muy buenos y cuando se pierde es por culpa de los entrenadores que nos equivocamos en nuestras decisiones... 
¿El Valladolid gano al Barça por culpa del Tata Martino o por que los jugadores se rascaron los h...? El Tata puede ser responsable de una derrota contra el Real Madrid, el Atletico o el Bayern, pero con todos mis respetos hacia el Valladolid, si el Barça pierde contra ellos es por culpa de los jugadores y su falta de actitud... 

Inf. Femenino: C.B. Oliva ... 41 - 60 ... Picket Claret

La diferencia entre ambos equipos es que uno es capaz de hacer jugadas pasándose el balón sin que el rival le ponga en dificultades extremas en su circulación y el otro (nosotras) es incapaz de hacer una jugada de 5 pases sin que el rival toque el balón... y así es imposible... el juego se construye a base de pases y si no le damos la importancia y calidad que requiere no podemos aspirar a ganar partidos en este nivel... si a eso le añadimos que cuando tenemos un tiro fácil de debajo canasta lo fallamos pues apaga y vamonos.  
El porcentaje de tiro libre muy deficiente, seguimos sin mejorar este aspecto tan importante del juego.
Mejoramos en intensidad defensiva, pero seguimos teniendo muchos problemas en el rebote de defensa (el rebote es cuestión de todas las jugadoras, de las 5 que están en pista y no solo de algunas de ellas)

Sr. Femeni: C.B. Oliva ... 52 - 90 ... Torrent "A"

1º Periodo: 11-20
2º Periodo: 10-26
3º Periodo: 20-20
4º Periodo: 11-24

Nosotras 22 faltas. 
Rival 20 faltas.
Este dato me parece significativo viendo la agresividad y utilización de manos en la defensa de uno y otro equipo. No coment.

El rival mete 13 triples con un porcentaje alucinante, cuando un equipo esta enchufado todo le sale de cara y si encima el rival (nosotras) esta desacertado (hay canastas que no se pueden fallar como hicimos nosotras) pues la diferencia al final en el marcador es escandalosa.

No hay más comentario hoy.



jueves, 6 de marzo de 2014

Earl Monroe, la perla más brillante de la NBA (por Guillermo García Arroyo en Marca)

Hubo un tiempo en que la NBA apenas traspasaba fronteras. Sólo se exportaban pequeños capítulos de grandes epopeyas urbanas. Era un  producto interno, en blanco y negro y que se circunscribía a las fronteras de Estados Unidos. Un país que se alimentaba de leyendas callejeras y de nombres acompañados por apodos que eran apóstoles en aquellas canchas callejeras que inundan las ciudades y pueblos de Estados Unidos.
Fue en esa época de aros sin redes, tableros de madera y grietas en el asfalto de los canchas cuando  un nombre comenzó a recorrer como la pólvora la vasta extensión del territorio estadounidense. Era el nombre del nuevo 'Mesías', el hombre llamado a cambiar el baloncesto a través de un juego tan habilidoso como anárquico. Un baile que hipnotizaba a compañeros y rivales y que le valió para ganarse el calificativo del "último jugador del 'playground".
Ese gran profeta del balón naranja era Earl Monroe, más conocido en el ámbito baloncestístico como 'Jesús'. Un apodo que lo dice todo y que habla de la relevancia de un personaje que cambió la estética de este deporte, adoptando lo mejor de antecesores como Bob Cousy y que sirvió de modelo a futuros prestidigitadores e ilusionistas del balón como Magic Johnson.
Y eso que en un principio, Monroe no tenía ningún interés en meter un balón en una cesta colgada de un palo. El joven Earl prefería otros deportes para pasar el tiempo en el suburbio del sur de Philadelphia donde creció.  Monroe no encontraba diversión en el baloncesto y prefería el fútbol (algo extraño en los 50 en Estados Unidos) y el béisbol. Sin embargo, a los 14 años aquel niño se convirtió en un joven espigado de 1,90, llamando la atención de todos los entrenadores de la zona.
La  relación con aquel balón no comenzó como un idilio. Monroe empezó jugando como pívot dada su altura y su escasa habilidad con el balón. Años más tarde el propio jugador reconoció que tuvo que recurrir a su imaginación para paliar esa inicial falta de destreza. "Tuve que desarrollar ciertos movimientos y aprender a sostenerme en el aire antes de lanzar a canasta en el asfalto de las canchas callejeras", reconocía un jugador con alma de 'showman'.
Monroe se labró un nombre en los 'playgrounds' de la Ciudad del Amor Fraterno a base de movimientos más propios de un baile funky en una discoteca de mediados los 70 que de una cancha de baloncesto. Su fama comenzó a subir como la espuma y su evangelio se extendía por toda la Costa Este de Estados Unidos, haciendo de cada reverso o engaño al rival un dogma de fe, concitando a su alrededor a decenas de ojeadores universitarios que intentaban embelesarle y convencerle para fichar por su centro.
Fue la pequeña Universidad de Winston-Salem la que se llevó el premio gordo. Todo gracias a su entrenador Clarence Gaines, una leyenda en el deporte universitario en los centros de estudiantes de color y que convirtió a Monroe en un anotador compulsivo, como demuestra la media lograda en su último año como universitario: 41,5 puntos por partido. Fue la época en la que un periodista bautizó cada canasta del jugador como 'las perlas de Earl'. Nacía la leyenda.
Era el año 1967 y Baltimore tenía la segunda elección del draft. Tras ver como los Pistons escogían a Jimmy Walker, los Bullets se llevaban el premio gordo y elegían al jugador de Philadelphia. Monroe llevaba su baloncesto anárquico e imaginativo a un equipo con más sombras que luces y que no había conseguido quitarse la etiqueta de perdedor. Un caldo de cultivo perfecto para desarrollar todas sus habilidades sin cortapisas.
Monroe apenas tardó una temporada en hacerse con la batuta de los Bullets y darle completamente la vuelta. Bajo su mando, el conjunto de Baltimore cambio su sino y aunque no logró meter al equipo en 'playoffs', le hizo abandonar los últimos puestos de la Conferencia Este.
Eso en lo que a resultados globales se refiere. Porque su impacto y la admiración por su juego fue inmediata, ganándose el respeto de todas las canchas de la NBA que veían en Monroe a un músico de jazz más que a un jugador de baloncesto. Lo imprevisible de su juego le convertía en el centro de todas las miradas. "Normalmente no sé qué voy a hacer cuando me llega el balón. Y si yo no lo sé estoy convencido de que mi defensor tampoco". No había mejor manera de definir su particular estilo.
Un modo de juego que le hizo ganar el trofeo al Rookie del Año y que le permitió terminar su primera temporada con una media de 24,3 puntos, alcanzando su tope ante los Lakers, a los que endosó 56 tantos.
Los Bullets pronto se dieron cuenta de la perla que tenían entre sus manos y no dudaron en rodearla de grandes jugadores para terminar de pulirla y sacarle todo el brillo posible. Así, en el siguiente draft se hicieron con el codiciado Wes Unseld con quien Monroe formaría un tándem letal en los años venideros.
Entre ambos lavaron completamente la cara de la franquicia y la convirtieron en una habitual de la postemporada en las tres primeras temporadas. Sin embargo, nunca consiguieron llegar a optar realmente al anillo. En la 68-69 los de Baltimore alcanzaron los 'playoffs' por primera vez y pagaron la novatada cayendo por un contundente 4-0 ante los Knicks. Al año siguiente, los neoyorquinos volvieron a ser los verdugos de Monroe, aunque esta vez tuvieron que llegar hasta el séptimo partido para llevarse la serie. Una temporada más tarde, los Bullets tuvieron su ansiada venganza y en siete partidos se impusieron a sus archienemigos, para más tarde caer contra los Bucks de Lew Alcindor y Oscar Robertson.
Monroe había dado todo lo que tenía para subir al peldaño más alto con los Bullets. All star perenne, sus medias en esos primeros años fueron estratosféricas, pero no logró el ansiado anillo. Cansado de no llegar a su meta, Earl se presentó en las oficinas de los Bullets y solicitó el traspaso a una franquicia ganadora o, por el contrario, que le aumentaran el salario. Monroe apareció con los nombres de Bulls, Sixers y Lakers como franquicias a las que quería ir. Sin embargo, ninguna llamó a su puerta, lo que hizo que se planteara hacer las maletas y abandonar para poner rumbo a los Indiana Pacers, que por aquel entonces militaban en la ABA.
El jugador llegó incluso a hacer un viaje a Indianápolis para ver de primera mano a los que podrían ser sus nuevos compañeros. Quedó impresionado y quiso bajar al vestuario de los Pacers para conocer al equipo. Una visita que marcaría su futuro, como él mismo confesaría años después en su biografía.
Monroe bajó a los vestuarios y se encontró que todos los jugadores de los Pacers tenían armas en sus taquillas. 'La Perla' no pudo contener la curiosidad y preguntó a uno de los miembros de la plantilla el motivo por el que todos tenían armas. "El Ku Klux Clan está en los alrededores de Indianápolis e incluso dentro de la ciudad. Así que tenemos las pistolas para protegernos", fue la respuesta del jugador al que había preguntado. "En ese momento me di cuenta que Indiana no era para mí", asegura Monroe sobre aquel episodio.
'Jesus' volvía a Baltimore para cumplir con los Bullets y comenzó la campaña 71-72 con el equipo, disputando hasta tres partidos con sus todavía compañeros. El 7 de noviembre su agente le llamó y le dijo que tenía una oferta en la mesa. El emisor, su némesis: Walt Frazier, el hombre que mejor le había defendido, y sus Knicks. Monroe en un principio dudó sobre la idoneidad de su fichaje por la rivalidad pasada. Tres días más tarde Earl hacía la maleta y ponía rumbo a la Gran Manzana a cambio de Mike Riordan, Dave Stallworth y algo de dinero.
Un traspaso que también levantó muchas ampollas en Nueva York, cuyos aficionados no veían cómo iban a compartir responsabilidades Frazier y Monroe con un sólo balón en pista. A 'La Perla' le costó adaptarse a su nuevo rol y dejar a 'Glyde' como director de orquesta mientras él tenía menos el balón en las manos. Para colmo en su primera temporada sufrió varios problemas en rodillas y tobillos que mermaron su rendimiento y su producción. Motivos más que de sobra para que la grada del Madison dudara de su nuevo jugador.
Esas dudas se disiparon nada más comenzar la temporada siguiente, la 72-73. Se acopló junto a Frazier y juntos formaron lo que se conoció como el 'backcourt Rolls Royce'. Walt ponía la precisión de la ingeniería, mientras que él era el encargado de poner la fantasía y la clase en la cancha. Los resultados no se hicieron esperar.
Los Knicks terminaron la temporada segundos de la Conferencia Este. Un puesto que les cruzaba en 'playoffs' al antiguo equipo de Monroe, los Baltimore Bullets. 'La Perla' dejó los sentimientos aparcados y los neoyorquinos, con un Earl en estado de gracia, se llevaron la serie en cinco encuentros. Le tocaba el turno a los todopoderosos Celtics, de los que los Knicks también dieron buena cuenta en un dramático séptimo partido. El anillo estaba cada vez más cerca.
En la final su rival llevaba el nombre de Lakers cosido a la pechera y con Jerry West como estrella, los angelitos partían como claros favoritos al título. Una candidatura que se consolido tras el primer choque de la serie, que cayó de su lado. Fue el único que se apuntarían. De la mano de Frazier, DeBuscherre, Lucas y, sobre todo, de un Monroe letal en el tercer y en el quinto y definitivo encuentro, los Knicks conseguían su segundo título de la NBA. El último hasta la fecha.
Fue el principio y el fin de los neoyorquinos que empezaron a desintegrarse por culpa de las lesiones y las retiradas. También fue el zenit en la carrera de Monroe, que a partir de aquel momento comenzó  una lenta pero inexorable cuesta abajo hasta que en 1980 decidió que su brillo ya había iluminado a una Liga que él se había encargado de transformar con un juego nunca antes visto y que tampoco se ha repetido. "Veo los partidos y todavía no he visto a nadie que me recuerde a mí, a mi forma de jugar", aseguró Monroe en una entrevista reciente.
Su amor por el espectáculo y una personalidad más propia de un 'showman' que de un deportista, Monroe se alejó del mundo de la canasta para dedicarse a la música, creando su propio sello, Pretty Pearl Record. También tomó parte en numerosas actividades de la comunidad afroamericana y se convirtió en un importante miembro para su completa integración.
Miembro del Salón de la Fama y elegido entre los 50 mejores jugadores de la Liga, su legado no se reflejó nunca en los números. Su herencia fue un estilo único e inigualable, basado en la imaginación, la improvisación y la fantasía y que convirtieron a este rey del playground en el príncipe de la NBA.

martes, 4 de marzo de 2014

Inf. Fem: San Blas ... 59 - 46 ... C.B. Oliva

1º Periodo (12-8): Ningún equipo ha sabido sujetar al rival y ha sido un periodo sin control, con un juego rápido y vistoso por parte de ambos equipos en los que el mayor acierto del equipo rival ha hecho que obtuvieran una pequeña renta de 4 puntos.
2º Periodo (9-2), 3º Periodo (9-4) Horroroso, no se puede jugar así, sin dar opciones a las compañeras... se debe de trabajar sin balón, dando soluciones y no estando expectantes a ver lo que sucede... hemos de jugar como una sola jugadora, todas a la vez, pero esto no ha sucedido y el rival se ha hecho amo y señor del encuentro dominando todo el campo en ataque y defensa.
4º Periodo (6-2): En un mal periodo del equipo rival hemos sido incapaces de remontar, al contrario nos han aumentado más la diferencia por nuestros continuos fallos cara a canasta.

Descanso 36-16... El equipo no ha defendido nada, hemos estado muy lejos de nuestro nivel y no hemos hecho lo que hemos hablado antes del inicio de partido que era reducir distancias y espacios cuando defendiéramos para llegar a las ayudas (teníamos que estar más juntas que nuca debido a las características del suelo) Y en ataque mejor ni comentar, porque no hemos hecho nada de lo acordado, ni siquiera nos colocábamos bien para hacer los bloqueos y cortes en la salida de la presión. Para la 2ª parte debíamos de cambiar muchas cosas, lo primero la actitud y concentración... además tuve que rehacer los quintetos en busca de algo "nuevo" que nos diera alguna ventaja... como estaba todo perdido nos "inventamos" un quinteto con gente grande y otro con gente pequeña para crear desajustes en sus marcajes... de perdidos al río. 

5º Periodo (4-10): El equipo sale con otro aire, aumenta la intensidad defensiva y en ataque corremos ocupando bien los espacios y jugando con velocidad y determinación... esto nos permite ganar el periodo y recortar diferencias... 
6º Periodo (4-4): El equipo sigue jugando a un fuerte ritmo, las sensaciones son muy buenas, estamos dominando el juego en ambos lados del campo pero no nos acompaña el acierto cara a canasta.
7º Periodo (1-13): Espectacular... el equipo se hace dueño por completo del juego, defendemos como leonas y en ataque estamos a un gran nivel de juego, metemos 13 puntos pero de haber estado acertadas podríamos haber metido más de 20 puntos perfectamente (esas entradas falladas) logramos ponernos a 1 punto (44-43) que al final son 2 por el tiro libre que nos meten al final del periodo (45-43). Lo que parecía imposible ahora era posible.
8º Periodo (14-3): el equipo no pierde la cara al partido pero varios fallos en nuestros ataques encadenados al acierto del equipo rival nos distancian de nuevo en el marcador, 53-44, a falta de más de 2 minutos... al final es un quiero y no puedo.

NOTA: no se puede jugar como hicimos en la primera parte (2º, 3º y 4º periodos) así no se gana a nadie, regalamos el partido completamente. El juego que desplegamos en la segunda parte (5º, 6º, 7º periodos) es de lo mejor que hemos visto a lo largo del año y con ese juego podemos competir contra cualquier rival por bueno que sea, pero hemos de hacerlo durante los 40 minutos, con 15 minutos no basta.

Arbitraje: Uno esta ya cansado de pedir siempre lo mismo, pero no puede ser que un equipo acabe el partido con 12 faltas y otro con 20... los 2 equipos hicimos muchas más faltas de las señalizadas pero parece ser que los árbitros o tienen orden de dejar seguir el juego o les falla la vista o algo, pero que en este nivel no se piten las faltas es inadmisible... ya no digo los 3 segundos en zona, batalla perdida en todas las categorías da igual que sean 1 o 2 árbitros ¿para que sirve hacer más grande la zona si luego a la hora de pitar los 3 segundos los árbitros no hacen ni puto caso?   

lunes, 3 de marzo de 2014

Sr. Fem: Sagrado Corazón ... 61 - 55 ... C.B. Oliva

1º Periodo (14-17): No hay un dominador claro del juego pero estamos algo más acertadas que ellas y siempre vamos por encima en el marcador.
2º Periodo (14-18): Tras una primera canasta inicial del equipo local nos hacemos con el dominio del juego y les endosamos un parcial de 0-8 (16-25) que nos permite tener la primera ventaja considerable en el marcador, que llegamos a aumentan en un punto más (10) en algunos instantes del periodo... se llega al descanso con 7 puntos de ventaja y con buenas sensaciones de juego y ritmo (28-35) y sin jugadoras agotadas gracias a la rotación. 
3º Periodo (16-12): Salimos durmiendo en defensa y nos hacen un parcial de 10-2 que da la vuelta al marcador en 5 minutos de juego (38-37). No se puede salir así tras el descanso, todo lo logrado en 20 minutos tirado a la basura en 5... conseguimos rehacernos enseguida y volvemos a coger una renta de 5 puntos que podría haber sido mayor de haber estado acertadas en las contras, pero al final la ventaja es solo de 3 puntos (44-47)
4º Periodo (17-8): Llegaba la hora de la verdad y había que salir a morder... y salieron a morder... pero las rivales... nosotras dejamos que nos mordiesen sin poner impedimento alguno... inicio de este periodo 10-0 para ellas (54-47) en otros 5 minutos para olvidar... de ahí al final fue un quiero y no puedo, tuvimos 3 entradas a canasta en los últimos 2 minutos para acercarnos en el marcador y las 3 las fallamos mientras que ellas anotaron sus tiros... fin de la historia... 

Partido que dominamos la mayor parte del tiempo lo regalamos en 2 intervalos de tiempo de 5 minutos en los que nos relajamos en exceso.
El rebote también fue un factor clave, nos lo dominaron totalmente.
La actitud de alguna jugadora no me gusto nada, no puede ser clave en la victoria de la semana pasada y esta semana desaparecer del mapa.

Arbitraje: El partido lo regalamos nosotras, pero es significativo que el equipo local acabe solo con 15 faltas cometidas con el nivel de intensidad y agresividad que mostraron... Y encima el "pequeño" me dice que el partido esta yendo bien y que no lo estropee ¿para quien esta yendo bien? ¿para ellos? porque para el baloncesto no... ¿esta yendo bien por que nadie les protesta? porque el arbitraje fue penoso por su parte, menos mal que su compañero lo arreglo algo, porque si por él hubiera sido no se hubieran pitado más de 5 o 6 faltas entre los dos equipos... este tipo de árbitros que van a pasearse por los campos de baloncesto sobran, nos están costando una pasta por no hacer nada. También es significativo que el rival lanzará 30 tiros libres mientras que nosotras solo tiramos 8... y no será porque mi equipo no es de los que penetra con frecuencia y determinación para provocar muchas faltas de tiro, pero claro, si no se pitan ni los manotazos que se escuchan desde Ucrania entre sonidos de balas pues nada hombre... "Que siga el juego".

NOTA: Si seguimos en esta linea ya nos podemos olvidar de ganar ningún partido fuera de casa y los partidos que juguemos de local ya podemos rezar para que las rivales nos perdonen tanto como nosotras perdonamos si queremos tener opciones de alguna victoria más.